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Selva Pluvisilva
Pluvisilva o
Selva lluviosa, formación boscosa caracterizada por una vegetación
exuberante y temperaturas y precipitaciones relativamente altas durante todo
el año. Las pluvisilvas son los ecosistemas biológicamente más variados del
mundo. Aunque ocupan menos del 7% de la superficie de las tierras emergidas,
contienen más del 50% (según algunos científicos este porcentaje se elevaría
hasta más del 90%) de las especies animales y vegetales del mundo. Una
hectárea de pluvisilva tropical puede contener más de 600 especies arbóreas.
A modo de comparación, los bosques de los Estados Unidos y Canadá combinados
poseen sólo unas 700 especies de árboles. El número de especies animales que
se cobijan en las pluvisilvas es incluso mayor. En un estudio se encontraron
más especies de hormigas en un tronco de árbol localizado en una pluvisilva
que en todas las islas Británicas.
Además, las pluvisilvas juegan un papel vital en la regulación del clima, ya
que absorben dióxido de carbono, el gas responsable del calentamiento del
globo. Las plantas absorben dióxido de carbono y expiden oxígeno en el
proceso de la fotosíntesis y las pluvisilvas tropicales absorben más dióxido
de carbono que cualquier otro ecosistema terrestre. Las emisiones de dióxido
de carbono han aumentado un 30% en el último siglo. Existe un acuerdo
general entre los científicos en que mediante la absorción de este gas, las
pluvisilvas amortiguan en gran medida sus efectos.
Para clasificar a un bosque como pluvisilva, es necesario que las copas de
sus árboles se toquen y entrelacen entre sí formando una bóveda vegetal que
no permita apenas el paso de luz. Además, debe poseer temperaturas elevadas
y precipitaciones abundantes durante todo el año. Las selvas que cumplen
estos requisitos se encuentran en la zona a ambos lados del ecuador, tanto
en Centroamérica y Sudamérica, Asia, África y Oceanía. En Sudamérica, la
vasta región boscosa en torno al río Amazonas que se extiende por buena
parte de Brasil y los países adyacentes, conocida con el nombre de Amazonia,
es, con mucho, la pluvisilva más grande del mundo. Las selvas lluviosas más
grandes de Asia se encuentran en Indonesia (en concreto en las islas de
Borneo y Sumatra), la península de Malaca y las Filipinas. La otra gran
pluvisilva de Asia se extiende entre la isla de Nueva Guinea y en el norte
de Australia. En África, la mayor parte de la pluvisilva se encuentra en
torno a la costa atlántica y en la cuenca del río Congo.
En algunas regiones de los hemisferios boreal y austral se encuentran
pequeñas pluvisilvas templadas a lo largo de las zonas costeras, donde las
precipitaciones y la humedad son altas y los inviernos suaves. Bosques de
este tipo se encuentran, por ejemplo, en el área del Pacífico
correspondiente al noroeste de Estados Unidos y suroeste de Canadá. Sin
embargo, estas áreas poseen tan sólo unas pocas especies en comparación con
la fabulosa variedad genética de las pluvisilvas tropicales. Este artículo
trata fundamentalmente de esta último variedad de pluvisilva.

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CARACTERÍSTICAS DE LAS PLUVISILVAS |
Las pluvisilvas tropicales
pertenecen a una categoría forestal más amplia conocida como bosques húmedos
tropicales, de los que hay muchos y muy distintos tipos. Los botánicos
distinguen las pluvisilvas de las demás clases considerando factores como la
temperatura, las precipitaciones, la duración de la estación seca y la
altitud.
Las pluvisilvas son cálidas
y húmedas; la temperatura media anual es de unos 25 ºC. La temperatura en
latitudes cercanas al ecuador varía poco a lo largo del año, de modo que las
temperaturas de las pluvisilvas vienen a ser siempre las mismas. Las mínimas
mensuales medias están en torno a unos tibios 18 ºC. De hecho, no se
encuentran pluvisilvas en ningún lugar en el que las temperaturas puedan
llegar a caer hasta los 0 ºC porque las plantas y animales de la pluvisilva
no están adaptados para resistir la escarcha. La temperatura no depende tan
sólo de la distancia al ecuador sino también de la altitud. A medida que
aumenta ésta, las temperaturas nocturnas caen considerablemente. La
variación diaria de las temperaturas afecta a las especies forestales, de
modo que no se suelen encontrar pluvisilvas por encima de los 1.000 m.
Las precipitaciones en las pluvisilvas varían entre los 1.800 mm y los 9.000
mm al año. Lo que distingue a una auténtica selva lluviosa es la
distribución de las precipitaciones a lo largo del año, ya que no existe una
estación seca. Cada mes cae un mínimo de 100 mm de agua en forma de lluvia.
Si una pluvisilva tiene periodos secos, éstos son normalmente cortos e
imprevisibles.
En muchos climas, el vapor del agua de lluvia es transportado para caer en
forma de lluvia en lugares alejados, pero en las selvas lluviosas casi el
50% de las precipitaciones provienen de la evaporación local. El aire húmedo
y cálido que flota en una pluvisilva constituye un microclima que no permite
que escape mucho agua. Buena parte de la lluvia que cae sobre una pluvisilva
se queda en las copas de los árboles más altos. Parte de ella resbala por
sus hojas y troncos hasta los árboles y plantas más bajas, pero un buen
porcentaje se evapora y se condensa en forma de pequeñas gotitas que flotan
en la húmeda atmósfera. Los vientos suaves y continuos elevan estas gotitas
hasta capas más altas de la atmósfera donde se enfrían y forman nubes.
Cuando una cantidad suficiente de estas gotas se enfría, se condensan y caen
en forma de lluvia, comenzando de nuevo el ciclo.
A pesar de la increíble exuberancia y la gran variedad de su flora, una de
las peculiaridades de las pluvisilvas es que los suelos sobre los que se
asientan suelen ser pobres en nutrientes que puedan ser absorbidos por las
raíces de las plantas. Los nutrientes minerales han sido barridos por las
fuertes lluvias y las altas temperaturas a lo largo de miles de años. Para
compensar esta carencia, la mayoría de los árboles tropicales absorben todos
los nutrientes que pueden y los conservan en sus capas internas. En cambio
los ricos suelos de los bosques templados retienen mejor los nutrientes,
permitiendo a sus árboles absorberlos poco a poco, a medida que va
necesitándolos. Cuando un árbol tropical muere, sus nutrientes se
descomponen y van a parar al suelo. En lugar de almacenarse en el suelo como
sucedería en un bosque templado, los nutrientes son rápidamente absorbidos
por otros organismos vivientes.
La estructura de una pluvisilva es diferente de otros tipos de bosque por su
cantidad de capas vegetales, a las que se conoce como estratos. El estrato
más bajo es el monte bajo, compuesto de palmas, plantas herbáceas (como el
jengibre silvestre), pimpollos y retoños. Sólo un 2% de la luz solar llega
hasta este estrato, de modo que las especies que lo habitan han desarrollado
adaptaciones especiales para sobrevivir con poca luz. Muchas tienen una
coloración rojiza en el envés de sus hojas para capturar algo de la escasa
luz que llega al monte bajo. Esta coloración permite a las plantas absorber
luz de un espectro diferente al que acceden las verdes y exuberantes plantas
de la bóveda vegetal. Por encima del monte bajo, pero por debajo de la
bóveda, existen uno o varios estratos de plantas leñosas, como arbustos
grandes y árboles de mediana altura.
El techo es la bóveda vegetal, en la que las copas de los árboles forman una
capa continua que captura la mayor parte del agua de lluvia y de la luz
solar que llega a la selva. La altura de la bóveda depende de la región y
del tipo de selva, y puede variar entre los 20 y los 50 m. La exuberante y
verde bóveda explota de vida, y los botánicos han inventado ingeniosos
métodos para acceder a este misterioso ecosistema. Los investigadores usan
globos de aire caliente, cables, pasarelas, torres, sofisticadas aparatos
para trepar a los árboles e incluso robots para estudias los millones de
plantas y animales que buscan su hogar en la cubierta vegetal. Los que
estudian este ecosistema también utilizan grandes grúas lanzadas desde
helicópteros al corazón del bosque. Suspendida del brazo de largo y móvil
brazo de la grúa se encuentra una gran góndola que funciona como laboratorio
móvil. Saltando de árbol en árbol, los biólogos recogen muestras, hacen
experimentos y observan la vida en la frontera de la bóveda vegetal.
El estrato más alto de la pluvisilva lo forman los árboles emergentes,
aquellos ejemplares que destacan por encima de la bóveda vegetal. Los
emergentes, que no forman una capa continua, son, por lo general, los
gigantes del bosque, que alcanza alturas entre los 35 y los 70 m, e incluso
más, con anchos de tronco de más de 2 m de diámetro. Menos de un 1% de los
árboles del bosque pertenecen a la bóveda vegetal o los emergentes. Sin
embargo, suelen ser tan grandes que entre todos representan la mayor parte
de la masa forestal, o biomasa, del bosque.
La hermosa ordenación por niveles de la pluvisilva, incluida la capa
continua de la bóveda vegetal, se ve perturbada regularmente por sucesos
naturales, como la caída de árboles. Los árboles de una pluvisilva suelen
estar unidos por lianas, y al caer un árbol puede echar abajo a otros,
produciendo un efecto dominó. El claro abierto de este modo en la bóveda
vegetal permite a la luz llegar hasta el suelo del bosque. Nuevas plantas y
animales se mudan a esa zona y comienzan a crecer.
Otros trastornos naturales pueden abrir claros aún mayores. Por ejemplo, a
lo largo de la zona devastada por los huracanes en el mar Caribe y la que
atraviesan los tifones en el Pacífico occidental, algunos bosques se ven
alteradas substancialmente cuando las tormentas y los fuertes vientos echan
abajo centenares de árboles cada pocos años. A menor escala, grandes
mamíferos como los elefantes, devastan regularmente la vegetación en la
cuenca del río Congo en África. Los científicos han descubierto que estas
perturbaciones naturales y la consiguiente regeneración de la selva forman
parte de un proceso natural que produce bosques sanos y diversos.

Los ecosistemas de pluvisilva
contienen más especies animales y vegetales que ningún otro hábitat en el
mundo. Aunque su extensión se ha expandido y contraído con los cambios
climáticos habidos en los últimos millones de años, las pluvisilvas están,
por lo general, entre los ecosistemas más antiguos de la Tierra. Como
resultado de esta continuidad, las pluvisilvas albergan millones de especies
diferentes, muchas de las cuales son endémicas, o propias únicamente
de hábitat de pluvisilva.
Aunque contienen numerosas especies, las pluvisilvas son notablemente
uniformes en su apariencia general. Muchos árboles tienen troncos altos y
esbeltos, que no se ramifican hasta cerca de la copa. Muchos, como los kapok,
se apoyan mediante gruesos sostenes que se pueden extender más de 10 m.
Estos apoyos proporcionan el sostén necesario a los árboles de la pluvisilva,
que pesan más en la copa, ya que los suelos pobres en nutrientes de la
pluvisilva dan como resultado raíces frágiles y huecas. La corteza de los
árboles de la pluvisilva suele ser delgadas y lisa. Excepciones notables son
las palmeras, que son comunes en algunas selvas lluviosas, y sin embargo
están ausentes de casi todos los demás tipos de bosque.
Las plantas de la pluvisilva
tienen muchas características físicas únicas para aprovechar el hábitat
particular, o nicho ecológico, que ocupa esa especie. Las plantas de los
niveles bajos y medios del bosque, como las emparentadas con el banano,
suelen tener hojas especialmente grandes para capturar tanta luz como sea
posible, es decir, la poca luz que no ha sido ya interceptada por la bóveda
vegetal. Estas hojas grandes no se secan como harían si estuvieran en lo
alto del bosque, donde la intensa radiación solar origina un entorno más
seco. Estas tendencias, sin embargo, pueden cambiar cuando se altera el
entorno. Los árboles de la bóveda vegetal cambian su forma a lo largo del
curso de su vida, dependiendo del entorno que les rodea. Las hojas se suelen
hacer más pequeñas a medida que el árbol crece. En algunos casos, las hojas
de los especímenes juveniles pueden ser casi diez veces más grandes que las
de los adultos de la misma especie.
En el suelo del bosque pobre en nutrientes, muchas plantas como la
Astrocaryum sciophilum, perteneciente a la familia de las palmeras, y
del tamaño de una persona, recogen los residuos que caen de otras plantas
mediante sus hojas con forma de copa para formar su propia reserva de
compuestos orgánicos. En las pluvisilvas también viven plantas insectívoras,
que recogen gran parte de sus nutrientes capturando animales —en especial
insectos— con sus hojas. Entre las plantas insectívoras, están las plantas
jarra, propias de Asia tropical. Los insectos se posan sobre sus hojas en
forma de tubo y entonces resbalan hasta una cavidad, la jarra, situada en el
tallo y llena de jugos digestivos. Allí se disuelve rápidamente el insecto y
los nutrientes que contiene son almacenados por la planta. Las pluvisilvas
albergan también a la mayor flor del mundo, la rafflesia gigante,
conocida comúnmente como el lirio de los muertos. Llega a pesar 7 kg, con
pétalos que se abren 1 m. Se conoce a esta flor por su olor pútrido. La
planta emite un hedor a carne podrida para atraer a cierto tipo de moscas
que son sus polinizadoras.
Las pluvisilvas suelen
estar llenas de plantas trepadoras, como las palmeras rattan. Estas
trepadoras gruesas y leñosas (llegan a tener 25 cm de diámetro), se
encuentran frecuentemente uniendo árboles, ascendiendo hasta las copas y
colgando de ellas. Trepando a los árboles, estas lianas exponen sus hojas y
sus flores a la luz del Sol, a pájaros e insectos sin gastar la energía
necesaria para construir sus propios sistemas de sustentación. Las epifitas,
como el musgo, las bromelias y las orquídeas, crecen en los troncos de los
árboles o en las intersecciones de las ramas. Como carecen de raíces
permanentes en el suelo, las epifitas tienen que obtener sus nutrientes de
otras plantas vivas, o captando el agua y la materia orgánica a medida que
caen al suelo del bosque. Las bromelias pueden almacenar hasta 38 litros de
agua en los tanques que forman con sus hojas superpuestas. Muchas de ellas
viven armoniosamente con sus hospedadores, aunque algunas son menos
benignas. Las plantas estranguladoras, que empiezan como epifitas, germinan
en los árboles de la bóveda vegetal y mandan raíces hasta el suelo. A medida
que crecen, estos parásitos envuelven a sus hospedadores hasta que
literalmente los estrangulan, en cuyo momento se convierten en árboles
propiamente dichos.
Casi el 90% de las especies animales de la pluvisilva son insectos, y de
ellos la mayoría son escarabajos. Un solo árbol tropical puede albergar más
de 150 especies de escarabajos. Como viven en lo alto de la bóveda vegetal,
la mayoría de estos escarabajos y otras especies de insectos han burlado a
los científicos hasta hace poco, cuando la tecnología ha permitido el acceso
al estrato superior. Hasta el día de hoy, los científicos no están seguros
de cuántas especies animales existen en el mundo, en buena medida porque
sólo han identificado una pequeña parte de los millones (para algunos hasta
30 millones) de insectos que viven en el pluvisilva.
Entre los insectos más fascinantes, de entre los ya descubiertos, están las
hormigas cortadoras de hojas, notables porque cultivan su propio alimento.
Estas hormigas cortan las hojas de determinadas plantas y las llevan a sus
nidos subterráneos, donde las fertilizan con saliva. Este cuidadoso proceso
hace crecer un determinado hongo, que las hormigas recolectan y que es su
única fuente de alimento.
En 15 km2 de pluvisilva
puede haber hasta 100 especies diferentes de mamíferos. Estos animales
ocupan cualquier nicho ecológico posible, desde las madrigueras en el suelo
del bosque hasta las ramas de los árboles emergentes. La mayor parte de los
mamíferos de la pluvisilva son nocturnos (activos durante la noche) o
crepusculares (activos durante el amanecer o el anochecer), y pasan la parte
calurosa del día durmiendo. De hecho, casi la mitad de los mamíferos de las
pluvisilvas son murciélagos —mamíferos voladores notables por su actividad
nocturna—, algunos mamíferos tropicales, como los gorilas, elefantes,
tapires, agutíes y jabalíes habitan en el suelo, pero la mayoría, al igual
que los insectos, prefiere las altas copas de la bóveda vegetal. Los
habitantes de esta bóveda han desarrollado toda una panoplia de fascinantes
características para sobrevivir en las ramas de los árboles. Por ejemplo,
algunas selvas tropicales asiáticas son especialmente notables por animales
con capacidad de planear. Solamente en Borneo hay más de 30 especies de
mamíferos, reptiles y anfibios que pueden planear de un árbol a otro. Muchos
monos tropicales de Centroamérica y Sudamérica utilizan sus colas
especializadas, capaces de agarrar ramas, como un quinto miembro cuando
trepan, comen o incluso juegan en las alturas de la bóveda vegetal.
El perezoso de tres dedos pasa la mayor parte de su vida indefenso, colgando
boca debajo de las ramas de los árboles. Para despistar a los depredadores,
sus movimientos son tan lentos que son prácticamente indetectables, incluso
para los cautelosos jaguares. El perezoso además, ha desarrollado una
relación con una planta tropical, que lo hace todavía más escurridizo:
aunque tiene el pelaje pardusco, el perezoso se confunde con su entorno
natural verde, porque un tipo particular de alga verde vive en su pelaje.
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Interrelaciones entre
plantas y animales |
Como sucede con este tipo de alga y el perezoso, muchas plantas y animales
de la selva tropical dependen unos de otros, incluso en mayor grado que en
otros ecosistemas. Por ejemplo, el 90% de los árboles dependen de animales
para dispersar sus semillas. En comparación, en otros tipos de bosque el 50%
de los árboles o más, utilizan el viento para hacerlo. Estas relaciones
entre plantas y animales son beneficiosas para ambos. Algunos animales
protegen especies vegetales de sus depredadores mientras que las plantas
proporcionan alojamiento, por ejemplo, muchas plantas tropicales como el
árbol-serpiente, tienen estructuras huecas en sus tallos que las hormigas
mordedoras usan como hogar. A cambio de un lugar donde vivir, las hormigas
protegen a la planta, ahuyentando los posibles depredadores (plantas
trepadoras o animales hambrientos) tan pronto como descubren su presencia.
En algunos casos, las especies son tan dependientes la una de la otra, que
no pueden vivir por separado. Por ejemplo, todos los tipos de higuera
dependen de una o más especies de avispa, y viceversa. Sin la tarea de
polinización que llevan a cabo las avispas, las higueras no podrían
reproducirse, y se enfrentarían a la extinción; y sin cobijo para sus huevos
y larvas, a las avispas les aguardaría un destino similar.
Las pluvisilvas son regiones
increíblemente ricas en recursos naturales, en especial madera, minerales y
petróleo, que alcanzan altos precios en los mercados internacionales. Muchos
árboles de las selvas tropicales son muy apreciados por la durabilidad y
belleza de su madera. La teca, el palo de rosa y la caoba son maderas duras
que se utilizan para la confección de muebles y labores de ebanistería en
todo el mundo. La teca, que resiste a la corrosión atmosférica, es muy
apreciada también en la construcción naval. Los yacimientos de crudo y gas
natural del Sureste asiático, golfo de Guinea y Sudamérica atraen a las
multinacionales. Para muchos campesinos, las selvas tropicales ofrecen
amplios terrenos para pastos o labores agrícolas. Las selvas tropicales
agregan también una gran cantidad de animales exóticos, como loros y monos,
que son muy valiosos como mascotas.
La gran diversidad de especies hace de las pluvisilvas hábitats muy
apreciados para la experimentación de nuevas medicinas y cultivos agrícolas.
Entre las drogas que han tenido su origen en la pluvisilva destacan las
primeras variedades de la píldora anticonceptiva, sintetizada por primera
vez a partir de batatas salvajes de Centroamérica; o medicinas muy
especializadas, derivadas de la vincapervinca rosa de Madagascar, utilizada
para el tratamiento de una variante poco habitual de leucemia. De las miles
de plantas identificadas como portadoras de compuestos anticancerígenos, más
de la mitad son propias de las pluvisilvas. Se llevan a cabo proyectos
multinacionales de investigación en cientos de laboratorios de todo el mundo
en los que se ponen a prueba plantas de la pluvisilva como tratamientos para
muchas enfermedades, especialmente el cáncer y el síndrome de
inmunodeficiencia adquirida (SIDA).
Quizás el mayor beneficio obtenido de los bosques tropicales, sea, sin
embargo, su papel como protectores de la vida en el planeta. Estos
esenciales servicios ambientales incluyen el reciclaje de nutrientes
esenciales como el nitrógeno y el fósforo, la absorción de dióxido de
carbono procedente de la atmósfera, la regulación de temperaturas y
precipitaciones, la protección de la erosión del suelo por arrollada, y su
papel como albergadores de los polinizadores de las cosechas agrícolas. Se
ha calculado que el valor económico de estos servicios sobrepasa cualquier
otro uso posible de la tierra. Por ejemplo, los economistas estiman que los
servicios ambientales de una hectárea de selva tropical costarricense tienen
un valor de entre 1.300 y 2.700 dólares estadounidenses al año, mucho más
que los beneficios que cualquier granjero podría obtener convirtiendo la
tierra en pasto sembrado o en plantación.
La mayor parte de las pluvisilvas del mundo están habitadas, y lo han estado
desde hace milenios, por pueblos aborígenes que dependen de las selvas para
su subsistencia. Muchos pueblos indígenas viven en lo más profundo del
bosque, en zonas a las que, incluso hasta hoy día, sólo se puede llegar a
través de los ríos. Los antropólogos creen que pueden existir hasta mil
culturas diferentes viviendo en las selvas tropicales del mundo. Entre
muchos otros pequeños grupos, cabe destacar a los yanomami, los ashaninka y
los cayapó en Sudamérica; los pigmeos baka de Camerún; y los dayak, penan y
bentian de Borneo. Aunque cada grupo indígena posee una cultura y costumbres
diferentes, todos comparten su dependencia del hábitat selvático en el que
viven.
Las tribus indígenas poseen a menudo un gran conocimiento sobre las
pluvisilvas, que incluye el uso medicinal de diferentes plantas, las
costumbres de cría de los pájaros y los ciclos estacionales. Este
conocimiento ha pervivido oralmente de generación en generación. Muchos
pueblos indígenas recolectan frutos, nueces, leña, materiales de
construcción de las pluvisilvas. La mayoría depende también de la
agricultura a pequeña escala para alimentarse y proveerse de medicinas.
La mayor parte de los pueblos indígenas utilizan un método conocido como de
rotación y barbecho, para lo que aclaran pequeñas manchas de bosque en las
que cultivan plantas en huertos. A veces aclaran el terreno mediante la
quema controlada. Conocido como cultivo por rozas, este método facilita el
aclarado del bosque y libera rápidamente los nutrientes del suelo. Dado que
los suelos de la pluvisilva son pobres en nutrientes, la producción cae en
picado tras un par de años. Entonces, el huerto se abandona y se abre un
nuevo claro en otra parte. Los pueblos indígenas han confiado en estos
métodos agrícolas durante milenios. Antiguamente, los claros abandonados se
regeneraban durante muchos años antes de ser cultivados nuevamente. Estas
prácticas tradicionales no eran muy dañinas para la pluvisilva, debido a la
gran extensión que ocupaban las pluvisilvas y a la exigüidad de las
poblaciones indígenas.
En la segunda mitad del siglo XX, las tribus indígenas han sido superadas
ampliamente en número por los colonos que han emigrado a la región. Atraídos
por la tierra aparentemente desocupada, pequeños granjeros y rancheros
amenazan la supervivencia de los pueblos indígenas y de su hábitat forestal.
Las explotaciones madereras, las minas, y los yacimientos de gas y petróleo,
han reducido también drásticamente el tamaño de las selvas tropicales en el
mundo, y a medida que los bosques se hacen más pequeños, los pueblos
indígenas son forzados a competir por el territorio que queda. En este
escenario competitivo, incluso las prácticas de agricultura sostenible de
antaño pueden causar un daño considerable al frágil ecosistema de la
pluvisilva.

A pesar de su singularidad y de su extraordinario valor, las selvas
tropicales están siendo destruidas y degradadas a un ritmo insostenible.
Algunos científicos estiman que a principios de la década de 1990, las
selvas tropicales estaban siendo destruidas a un ritmo de aproximadamente 28
ha por minuto, o lo que es lo mismo, 14 millones de hectáreas al año (una
superficie similar a la del estado de Wisconsin). Esta cifra, que suponía
una disminución respecto de la década anterior, cuando se destruyeron 16
millones de ha al año, fue debida a una menor tasa de deforestación en la
Amazonia a principios de la última década del siglo. Sin embargo,
fotografías tomadas por satélites, indican que a finales de la década de
1990 volvió a incrementarse la destrucción de la Amazonia. En las últimas
tres décadas del siglo XX, cerca de 5 millones de km2 han sido
talados, lo que supone el 20% de las selvas tropicales del mundo. En este
tiempo, la deforestación de Asia tropical llegó al 30%. Las altas tasas de
deforestación son seguidas inevitablemente por tasas alarmantes de extinción
de especies vegetales y animales, porque la mayoría de las especies de la
pluvisilva no pueden sobrevivir fuera de su hábitat. Algunos científicos
estiman que se extinguen docenas de especies de la pluvisilva cada día.
Las causas de la deforestación varían según las zonas, pero algunas
tendencias parecen ser comunes en todas las pluvisilvas. Las compañías
madereras que buscan valiosas especies tropicales o, menos a menudo, las
compañías petrolíferas en busca de más pozos, suelen ser las primeras en
llegar a un área remota de la pluvisilva. Si se les deja crecer durante unas
pocas décadas, algunos bosques talados pueden regenerarse, pero en general
esto no sucede así: las carreteras construidas por las madereras
proporcionan acceso a los campesinos sin tierra para llegar a esta nueva
zona, así como para transportar sus cosechas al mercado. Por cada kilómetro
de carretera construida a través de un área forestal, entre 4 y 24 km2
de bosque son talados y colonizados.
Una vez que los leñadores abandonan el territorio, les sigue un típico ciclo
de destrucción. Cuando llegan los campesinos sin tierra, aclaran el terreno
para sembrarlo. Los pobres suelos tropicales producen escasas cosechas,
especialmente después de un par de años. Entonces, los campesinos venden sus
tierras a los rancheros de ganado o a los propietarios de grandes
plantaciones. Después de que se han agotado los nutrientes y los suelos han
sido compactados por el ganado, las tierras son abandonadas completamente
yermas. El bosque tropical no se regenera fácilmente en tales territorios
sin ayuda humana. Mientras tanto, los campesinos y los rancheros se marchan
en busca de un nuevo territorio, al cual se puede acceder por la acción de
los madereros y en donde el ciclo empieza de nuevo.
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CONSERVACIÓN
DE LA PLUVISILVA |
Desde la década de 1970 se ha asistido a la creación de un número cada vez
mayor de organizaciones nacionales e internacionales destinadas a promover
la conservación de la pluvisilva. En los últimos años, se han utilizado
principalmente dos enfoques: la protección estricta y el desarrollo
sostenible. El primero, la protección propiamente dicha a través de parques
nacionales y reservas naturales, se ha convertido en un elemento esencial
para la conservación de la biodiversidad. Con este método de conservación,
se aíslan sectores enteros de selva y se regula estrictamente su uso. Las
áreas protegidas son especialmente importantes para preservar las
pluvisilvas más emblemáticas desde un punto de vista biológico, es decir,
aquellas selvas con una diversidad de especies excepcionalmente alta o con
muchas especies endémicas. Así, en los últimos 20 años del siglo XX, el
número de parques nacionales en los países tropicales se ha incrementado
considerablemente y a comienzos del nuevo milenio aproximadamente el 5% de
todos los bosques estaba sujeto a algún tipo de protección. Organizaciones
internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Mundial para la Naturaleza
han lanzado una campaña para que todos los países del mundo en vías de
desarrollo protejan el 10% de sus bosques para final de siglo.
Sin embargo, proteger esas áreas es caro, e incluso imposible en algunas
zonas. Las comunidades que viven cerca de las selvas tropicales necesitan de
ellas para alimentarse. Cuando se les prohibe que usen la selva, se les
reducen las posibilidades de subsistencia. Para aminorar estos efectos, se
han desarrollado programas que proporcionan alternativas económicas
sostenibles al uso destructivo de la tierra.
Una alternativa en algunas selvas es la tala sostenible, en la que los
árboles son seleccionados cuidadosamente para aminorar el impacto sobre el
ecosistema. Otras comunidades cosechan y venden productos biológicos, como
semillas vegetales muy valiosas (nueces tagua o nueces de Brasil), en tanto
que otras se dedican a la producción y comercialización de medicinas y
drogas para fortalecer y diversificar sus economías. Otra alternativa cada
vez más popular son las granjas dedicadas a la cría de bellas mariposas
tropicales. En muchas comunidades situadas en áreas de pluvisilva ha
proliferado la actividad ecoturística (basada en un tipo de turismo dedicado
al estudio de la naturaleza y a la práctica de actividades al aire libre que
tienen un impacto ecológico mínimo) como medio para atraer recursos
económicos preservando a la vez su frágil ecosistema tropical.
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